La
resistencia armada palestina es legítima y necesaria y ha de ser entendida en
tanto movimiento de liberación nacional. Es así y ha sido así con Argelia,
Vietnam, y otros tantos países. Considerar ahora mismo a la resistencia
palestina o Hamas (la facción más visible) como “terrorismo” es un acto
totalmente ideológico, alineado con los intereses de un Estado que está
cometiendo genocidio - no sé qué mayor acto de “terror” se os ocurre que lo que
está cometiendo Israel, qué forma mayor de violencia que asediar hasta la muerte por hambruna a toda una población mientras no cesan los bombardeos. En otras palabras: hablar de "terrorismo", seguir hablando de los rehenes, es la forma que tiene aún Israel de justificar sus crímenes e influir en la opinión pública internacional y, dicho sea de paso, la forma que aún tienen también los gobiernos occidentales de lavar su complicidad de cara a la opinión pública de sus respectivos países, cada vez más solidarizada con la causa palestina. Aunque, a la vista está, la guerra de exterminio que Israel está practicando acaba por ser indigerible, incluso, para las conciencias de los líderes europeos.
Cuando se habla de paz en abstracto, que comúnmente acaba formalizándose en la ya manida idea de los "dos Estados", implícitamente se reconoce el derecho de Israel a existir, o lo que es lo mismo, se reconoce el derecho a existir de un Estado colonial que practica sistemáticamente una política de apartheid, que tiene su razón de ser, desde su mismo origen histórico, en su confuso carácter étnico-religioso-nacional-judío. Dicho de otro modo, excluyente y hostil por naturaleza, ya desde sus inicios, con la población palestina. Y diría más, tal postura de neutralidad es indirectamente cómplice con Israel, ya que asume el orden actual de las cosas y garantiza la continuidad, de hecho, de las políticas de limpieza étnica, colonización y ocupación del territorio palestino. Así que, hablar de paz en abstracto, condenar la violencia en abstracto, condenar la resistencia armada palestina como “terrorista”, es una postura moralizante, totalmente ideologizada y alineada, más cuando Occidente no ha dudado ni duda, no tiembla su pulso, jamás, cuando somete violentamente y expolia los recursos de gran parte del planeta, cuando utiliza y ha utilizado métodos mucho más violentos para la consecución de sus intereses.
Por otro lado, cabría considerar fríamente el uso del terrorismo en tanto estrategia de liberación nacional, algo que, ya en los inicios del mismo Estado de Israel, los propios sionistas practicaron y vieron con buenos ojos. De todos modos, parece claro que, en la medida en que la solución del conflicto está planteada violentamente, el genocidio, es decir, la voluntad de exterminio de todo un pueblo, es su grado mayo de violencia, no comparable a los métodos terroristas de cualquier grupo (indiferentemente de si se está a favor o en contra de tales métodos). La legitimidad de la lucha, que es violenta en tanto violenta es la existencia por naturaleza de Israel y violentos son sus crímenes, la tiene Hamas, Hezbollah y la resistencia palestina en su conjunto, por mucho que pese en la moral liberal occidental, que es, en el fondo, condescendiente. Otra cuestión está en el producto de esa lucha de liberación nacional: quien escribe estas líneas cree, sinceramente, que solo Palestina será libre en la medida en que las clases populares palestinas e israelitas emprendan conjuntamente un proyecto común e impulsado por los ideales socialistas, ajeno a cualquier diferencia étnica y religiosa. Ahora bien, esto último no parece estar planteado. En definitiva, Palestina debe liberarse a sí misma, y aquel que realmente esté de su parte, solidarizarse con su movimiento de liberación nacional. Cada vez más, echamos de menos las banderas rojas que guíen la fraternidad de los pueblos y a la clase obrera internacional, apátrida por naturaleza e internacionalista por deber.
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